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Doctrina Basica > Doctrina Basica y Fundamental > Corderitos
CURSO 3
(La etapa de avanzada)
El cristiano y la obligación de la vida
Texto a memorizar
“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31).
Pregunta 1 ¿Qué es la mayordomía?
Respuesta: La mayordomía es administrar los bienes de otro. En su aspecto bíblico y cristiano es reconocer que Dios es soberano y que todo le pertenece a él, inclusive nosotros mismos. El principio de la mayordomía es básico a toda la doctrina cristiana y es la esencia de la vida cristiana. Salmo 24:1; Deuteronomio 10:14; Hageo 2:8; Lucas 16:2.
Pregunta 2 ¿Cuál es el principio en que se basa la mayordomía?
Respuesta: La mayordomía se basa en el principio de que Dios es el dueño de todo cuanto existe por razón de que él es el Creador y Sustentador de todas las cosas; y también porque él es nuestro Redentor, y nosotros, por tanto, en gratitud y adoración debemos corresponderle entregándole todo cuanto somos y tenemos. Dios siempre debe tener el primer lugar en todo. 1 Crónicas 29:14; Romanos 14:7, 8; 1 Corintios 6:19; 10:31.
Pregunta 3 ¿Cuáles cosas incluye la mayordomía?
Respuesta: Tratándose de nosotros los cristianos, la mayordomía lo incluye todo; específicamente: nuestro tiempo, nuestros talentos, nuestras oportunidades y nuestro dinero. Realmente, nuestra vida entera. No hay un solo momento en que dejemos de ser mayordomos del Señor. Colosenses 3:23; Mateo 6:19-21, 33.
Pregunta 4 ¿Qué se entiende por traer nuestras ofrendas al Señor?
Respuesta: Uno de nuestros deberes como cristianos y como miembros de una iglesia local es presentar nuestras ofrendas, como parte del culto, en el templo en el día del Señor. Por supuesto, al Señor no le podemos dar dinero como lo hacemos entre nosotros los seres humanos; tampoco él, directamente, está necesitado del dinero; y, además, él mismo dice: "Mía es la plata, y mío es el oro" (Hageo 2:8). Pero por medio de la iglesia a la que pertenecemos nosotros le damos nuestras ofrendas al Señor. Y al dar de nuestro dinero estamos dando de nuestra propia vida, siendo que el dinero representa tiempo, esfuerzos, talentos y trabajo. Ofrendar es una manera de adorar a Dios, y nadie se debe presentar delante de Dios sin adorarlo. Mateo 22:21; 1 Corintios 16:2; Deuteronomio 16:16; 2 Samuel 24:24.
Pregunta 5 ¿Se justifica que el creyente contribuya con su dinero para el sostén de la iglesia?
Respuesta: Sí, y las razones son muchas. En primer lugar, la gratitud a nuestro Señor Jesucristo, quien nos salvó, nos mueve de forma espontánea a dar, y a dar con liberalidad. También, al formar parte de una congregación, el espíritu de compañerismo nos inspira a dar. La iglesia, para funcionar como tal y cumplir su responsabilidad de predicar el evangelio, incurre necesariamente en gastos, en muchos gastos. Hay que pagar las cuentas de luz, teléfono, aseo, agua; hay que comprar y pagar la literatura que se usa; hay que construir el templo y amueblarlo adecuadamente y, sobre todo, hay que sostener dignamente al pastor, a quien nos administra el pan espiritual. La iglesia nos presta muy valiosos servicios como individuos y a todas las familias que la forman. Es justo, entonces, que nosotros mismos la sostengamos con nuestras ofrendas voluntarias. No debemos esperar ni permitir que el gobierno subvencione a la iglesia; semejante procedimiento ni es correcto, ni es bíblico, ni es prudente. Mateo 22:21; 1 Corintios 9:11, 13, 14; Gálatas 6:6; 1 Timoteo 5:17; Éxodo 35:29.
Pregunta 6 ¿En qué espíritu debe el cristiano ofrendar?
Respuesta: El término ofrenda envuelve la idea de que damos de nosotros mismos, Es una manera de decirle al Señor: "Aquí estamos; nosotros mismos nos entregamos a ti". Debemos dar con liberalidad, con gozo, con voluntad, con inteligencia. Debemos dar las primicias y no de lo que nos sobra. Dios es digno de lo mejor. No debemos dar egoístamente, ni por jactancia, ni para ejercer influencia sobre los demás. También debemos dar con regularidad y no motivados sólo por las ocasiones especiales. El ofrendar es parte importantísima en el desarrollo de una vida cristiana normal. 2 Corintios 9:6, 7; 8:1-5; Hechos 4:36, 37.
Pregunta 7 ¿Qué cantidad de dinero debe el cristiano ofrendar?
Respuesta: Esto lo debe decidir el cristiano en espíritu de oración. Un principio que le puede guiar es que si gana más debe dar más. En el Antiguo Testamento la enseñanza de dar primicias, diezmos y ofrendas fue un mandamiento muy claro para el pueblo judío. En la época de Jesús este sistema siguió rigiendo y es indudable que él mismo como fiel judío religioso lo cumplió. Como sistema, la práctica de dar el diezmo de nuestras entradas, como ofrenda mínima, es buena y muy recomendable. Sin embargo, el cristiano no debe diezmar en forma legalista, ni como una carga, ni como un límite fijo. Debe dar por amor y con liberalidad. Levítico 27:30; Mateo 23:23; 2 Corintios 9:6, 7; 1 Corintios 16:2; Lucas 12:48.
Pregunta 8 ¿Cómo debe la iglesia local usar el dinero de las ofrendas?
Respuesta: La iglesia local debe usar el dinero de las ofrendas con sabiduría, buscando la dirección del Señor. Es muy conveniente que la iglesia nombre un tesorero, una comisión de finanzas, y que elabore un presupuesto para el año, el cual sea aprobado por los miembros. Asimismo es muy necesaria una campaña de promoción para enseñar a los miembros su responsabilidad de ofrendar para sostener el presupuesto. Al elaborar un presupuesto deben tenerse en cuenta las prioridades. Y el dinero debe manejarse sin mezquindad pero con prudencia, con la visión del avance de la obra del Señor. Las finanzas deben atenderse con limpieza y honestidad, informando regularmente del movimiento de las mismas a los miembros reunidos en sesión de negocios. El cristiano, como miembro que es de la iglesia, tiene el derecho a opinar y dictaminar sobre el uso de los fondos. Salmo 41:1; Romanos 12:13; Efesios 4:28; 1 Timoteo 5:17; 2 Corintios 8:19-21.
Pregunta 9 ¿Cuáles resultados hay en la vida del que es fiel ofrendador?
Respuesta: Hay varios, y buenos. El que es fiel ofrendador experimenta gozo de hacer la voluntad de Dios y de contribuir al adelanto de la causa del evangelio. Crece en su vida espiritual y es una buena bendición a muchos. Además, él mismo recibe muchas bendiciones del Señor en su vida. Malaquías 3:10; Hechos 20:35; 2 Corintios 9:8-11.
Pregunta 10 ¿Cuál debe ser la actitud del cristiano en relación con el dinero y las posesiones materiales?
Respuesta: Hay que entender que el dinero nunca debe ser un fin en sí mismo. La avaricia es pecado. No debemos poner nuestra confianza en las riquezas materiales, sino siempre usarlas como medio de bienestar legítimo, de progreso sano y de la mayordomía cristiana. El cristiano debe poseer al dinero y no el dinero poseer al cristiano. El dinero puede ser un medio de bendición y también de maldición. El cristiano debe ganar su dinero honrada y dignamente, y debe ser un buen mayordomo de Dios en el uso que hace de él. Debe ser económico sin ser avaro, y generoso sin ser despilfarrador. En la Biblia hay historias y parábolas que ilustran cómo muchos individuos se perdieron porque no supieron hacer buen uso de sus riquezas. En ella también aprendemos que Dios nos llamará a cuentas por la relación que nosotros tenemos con las posesiones materiales. El cristiano puede ser rico y hacer mucho bien. Pero "raíz de todos los males es el amor al dinero,..." (1 Timoteo 6:10a). Mateo 6:19-21; Salmo 41:1; Efesios 4:28; 1 Timoteo 6:9, 10, 17-19; 5:8; Lucas 12:13-21; 16:19-31.
El nuevo creyente y los otros grupos religiosos
Texto a memorizar
“Sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:15).
Pregunta 1 ¿Hay otros grupos religiosos?
Respuesta: Sí, hay muchos. En verdad que es triste el que haya diversos grupos religiosos, pero esto es un fenómeno característicamente humano, es decir, que cuando cierto número de individuos sustentan las mismas creencias, tienden a juntarse y al mismo tiempo se separan de los que creen de modo diferente. Esto no nos debe perturbar, porque los que ya hemos abrazado por la fe la verdad de Dios y del evangelio, debemos afianzarnos en ella. 1 Corintios 2:5; 2 Tesalonicenses 3:2; Mateo 24:4, 5.
Pregunta 2 ¿Cómo se los puede clasificar?
Respuesta: Hay las religiones del paganismo, como el hinduismo, el budismo, el sintoísmo, el taoísmo, el confucianismo y el mahometismo. Estas son religiones antiguas, mayormente étnicas, y todas ellas tuvieron su origen en alguna parte de Asia. Está también el judaísmo, que es la religión de Moisés y de los judíos. Luego tenemos el cristianismo histórico, el cual tiene tres ramas: la Iglesia Católica Romana, la Iglesia Ortodoxa, y las llamadas iglesias protestantes. A estas últimas se les puede llamar también denominaciones, entre las cuales hay las siguientes: los bautistas, los luteranos, los anglicanos, los episcopales, los presbiterianos, los metodistas, y otros. Luego tenemos lo que llamamos las sectas modernas, algunas de las cuales son: los adventistas del séptimo día, los testigos de Jehová, los mormones o santos de los últimos días, los de la fe Bahai, los de la ciencia cristiana, los un¡tarios, y otros más. Algunas de las denominaciones evangélicas se han dividido y subdividido, formándose grupos de individuos que dan marcado énfasis a una doctrina o una práctica eclesiástica en particular.
Pregunta 3 ¿Es importante la doctrina para el nuevo creyente?
Respuesta: Sí, es de suma importancia, porque la doctrina correcta y bíblica nos coloca en el camino de la salvación, que es Cristo, mientras que la doctrina falsa o errónea lleva al individuo por camino equivocado, lo cual es perjudicial para su alma. Las Sagradas Escrituras nos enseñan con claridad el plan divino de salvación, y también la doctrina sana que debemos creer y que nos ayuda a nuestro normal crecimiento cristiano. La doctrina cristiana se encuentra principalmente en las cartas apostólicas del Nuevo Testamento. 2 Pedro 2:1-3; 1 Timoteo 4:16a; Efesios 4:13-15; 1 Juan 4:1-4.
Pregunta 4 ¿Tiene el cristiano deberes para con la doctrina bíblica?
Respuesta: Sí, los tiene. En primer lugar debe conocerla y estudiarla. Y también debe creerla, vivirla y proclamarla. El cristiano debe estar preparado para dar razón de su fe. Somos salvos por la fe en Jesucristo y crecemos espiritualmente mediante la fe, pero esta fe está basada en la verdad de Dios. No debemos ir tras la doctrina falsa. Hay dos pecados que no debemos cometer: el de la apostasía, que es apartarse de la fe; y el de la herejía, que es apartarse de la recta doctrina. Juan 5:39; Gálatas 1:6-9; 1 Timoteo 4:1; 2 Timoteo 2:15; 1 Pedro 3:15; 1 Juan 5:21.
Pregunta 5 ¿Cuál debe ser nuestra actitud hacia los otros grupos?
Respuesta: Es muy conveniente el que nosotros estemos bien persuadidos de nuestra doctrina y que nos afiancemos en ella; sin embargo, no debemos mostrar una actitud de superioridad vanidosa sobre los otros grupos religiosos. Como dice el apóstol Pablo, debemos seguir "la verdad en amor". La oportunidad que se nos presente para explicar nuestros puntos de vista doctrinales, debemos aprovecharla con tacto, inteligencia y consideración. Hay que admitir que muchos de los que no piensan o creen como nosotros, es posible que estén equivocados, pero pueden igualmente ser sinceros y bien intencionados. Marcos 9:38-40; Judas 3; Santiago 5:19, 20.
Pregunta 6 ¿Es posible aprender algo de los otros grupos religiosos?
Respuesta: Sí, es posible. Ahora bien, toda agrupación religiosa enseña algo que es bueno y que es verdad. Esto es cierto aun tratándose del paganismo. Por ejemplo, la creencia en Dios, aunque de ciertas maneras diferentes, es común a todas las religiones. Pero como esos otros grupos religiosos enseñan también errores y doctrinas falsas y hasta antibíblicas, nosotros no debemos ir tras de ellos. Sin embargo, en lo que a métodos de trabajo y espíritu de entrega concierne, muchas veces esos grupos nos enseñan las virtudes de la dedicación, del espíritu de compañerismo y de lealtad apegada a sus principios. Lucas 16:8.
Pregunta 7 ¿Hay algunas diferencias fundamentales entre la iglesia Católica Romana y la iglesia Protestante?
Respuesta: Aunque es cierto que a raíz y como resultado del Segundo Concilio Vaticano la Iglesia Católica Romana ha cambiado en algunas de sus posiciones tradicionales, en algo de su liturgia, y en su actitud hacia la Biblia y hacia las llamadas iglesias protestantes, sigue siendo también cierto que en cuanto a sus dogmas oficiales, algunos de ellos antibíblicos, ella permanece igual. Algunas de estas diferencias fundamentales son las siguientes:
1. La Iglesia Católica Romana enseña la doctrina de una salvación por fe más buenas obras. La Biblia enseña la salvación solamente por la gracia de Dios y la fe en Jesucristo. Efesios 2:8, 9.
2. La Iglesia Católica Romana enseña la doctrina de la regeneración bautismal, o sea, que el bautismo borra los pecados del que se bautiza. La Biblia no enseña tal cosa. El bautismo es sólo una representación simbólica de una experiencia espiritual de salvación. Hechos 16:31.
3. La Iglesia Católica Romana enseña la doctrina de la gracia sacramental, o sea, que la gracia de Dios nos viene a través de la observancia de ciertos ritos que se llaman sacramentos, y que éstos operan automáticamente. Según la Biblia, la gracia de Dios nos beneficia mediante la fe en Jesucristo, sin la intervención de nada ni nadie. Hechos 13:39; Romanos 4:5; 5:1.
4. La Iglesia Católica Romana enseña que el obispo de la diócesis de Roma, o sea el Papa, es el Vicario de Jesucristo en la tierra y el Jefe y Cabeza de la iglesia. La Biblia, en cambio, nos dice que el Espíritu Santo vino para ocupar el lugar de Cristo, y que Jesucristo es la Cabeza y el Señor de la iglesia. Juan 14:16, 17, 26; 16:7, 13; Mateo 23:8; 1 Corintios 3:11; Efesios 5:23; 1 Pedro 5:1-4.
5. La Iglesia Católica Romana enseña que hay un lugar entre la hora de la muerte y el día de la resurrección, al cual llama el purgatorio, y que a ese lugar van las almas de los que mueren en pecado venial, y que no lograron en vida purgar toda la pena debida a sus pecados. Y que las ánimas del purgatorio se las puede ayudar, mandando decir misas en sufragio de ellas. La Biblia no nos dice para nada de semejante lugar. Nos dice que dos son los lugares y estados finales de los que mueren: la gloria y el infierno, y que nada se puede hacer en favor de los muertos. Lucas 16:19-31; 23:42, 43; Hebreos 9:27.
Pregunta 8 ¿En qué consisten los errores principales del paganismo?
Respuesta: Para nosotros los cristianos, las religiones paganas son las que no aceptan la Biblia como sus escrituras sagradas, ni a Jesucristo como el Hijo de Dios y el Salvador del mundo. Además, hay cuatro cosas que distinguen al paganismo y que son sus errores básicos. Mirémoslas.
1. Politeísmo. El politeísmo es la creencia en muchos dioses. Según el paganismo, no hay un solo Dios, eterno, santo y todopoderoso, sino muchos dioses. Para los paganos, aun las fuerzas inanimadas de la naturaleza son dioses. Hechos 17:22-23.
2. Idolatría. El paganismo tiende a representar a sus dioses por medio de ídolos e imágenes. En consecuencia, le rinde culto o adoración a los ídolos. Los paganos no conocen el culto espiritual de que nos habla la Biblia. La idolatría es error, superstición y pecado. El cristiano evangélico ni debe tener ídolos ni debe venerarlos. Éxodo 20:16; Isaías 44:9-20; Romanos 1:22-25; Juan 4:24; 1 Juan 5:21.
3. Salvación por esfuerzos humanos. Un fenómeno curioso y triste es que todas las religiones formuladas por los hombres enseñan una salvación por obras o esfuerzos propios. No es Dios el que salva sino el hombre mismo. Tampoco existe en esas religiones la preciosa doctrina de la gracia y del amor divinos. Efesios 2:8-10.
4. Inmoralidad. El paganismo no enseña ni promueve el ideal de la verdadera santidad de vida. En sus prácticas religiosas más bien incita a la comisión de pecados groseros y repugnantes. Y es que el alejamiento doctrinal de Dios y de su verdad produce siempre un desprecio por la moralidad y un desbordamiento de las bajas pasiones humanas. Los cultos paganos se vieron acompañados de sacrificios humanos, embriaguez, y concupiscencia. 1 Corintios 10:19, 20; Romanos 1:24-32; Éxodo 32:5-8.
Pregunta 9 ¿Están equivocados los llamados “Testigos de Jehová”?
Respuesta: Sí, están equivocados en muchos puntos. Mencionamos sólo los más importantes o los más perniciosos. Son éstos:
1. Niegan la doctrina de la Santísima Trinidad.
2. Niegan la divinidad de Jesucristo y la deidad y personalidad del Espíritu Santo.
3. Niegan la resurrección corporal de Jesucristo de entre los muertos.
4. Niegan la doctrina evangélica de la eficacia expiatoria de la muerte de Jesucristo, y el arrepentimiento hacia Dios y la fe en Jesucristo como las condiciones para ser salvo.
5. Niegan la futura venida en gloria, repentina y visible de Jesucristo.
6. Niegan la doctrina neotestamentaria del infierno o del castigo eterno de los impíos.
De modo que ellos son más un sistema de negaciones que de afirmaciones.
Pregunta 10 ¿Es errónea la secta de los Mormones “Los Santos de los Últimos días”?
Respuesta: Sí, por la sencilla razón que esta secta la originó un hombre que se llamó José Smith, el cual basó su sistema religioso en la supuesta aparición a sí mismo de un ángel. El Libro de Mormón es la segunda Biblia para ellos, y las interpretaciones de los mormones son antojadizas y en gran parte contradictorias de las Sagradas Escrituras mismas. El nuevo creyente, que ha tenido una experiencia genuina de salvación y que ha creído sinceramente en un evangelio totalmente bíblico, no necesita mendigar en ninguna de estas sectas religiosas erróneas en busca de la verdad. El que ya tiene a Cristo por Salvador y la Biblia por la base de su fe, debe quedarse y afirmarse allí. Efesios 4:13-15; Mateo 24:11-13; Gálatas 1:8; 2 Pedro 2:1-3; Judas 3.
El cristiano y el sistema del mundo
Texto a memorizar
“Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo” (Juan 9:5).
Pregunta 1 ¿Cuál es la relación del cristiano y el mundo?
Respuesta: El cristiano está en el mundo, aunque de cierto modo no es de él. Cristo dijo de sus discípulos: "No son del mundo, como tampoco yo soy del rnundo" (Juan 17:16). Desde el punto de vista de nuestra esperanza de vida eterna, nosotros los hijos de Dios no somos del mundo. Sin embargo, seguimos viviendo en él y no podemos desembarazarnos totalmente de él. Tenemos que reconocer que en el mundo hay la parte buena y la parte mala. Nosotros debemos identificarnos con la parte buena. Jesucristo dice que nosotros los cristianos somos la “sal de la tierra y 1a luz del mundo”, lo cual quiere decir que tenemos una responsabilidad espiritual para con la sociedad humana con la cual vivimos y a la cual pertenecemos. En el mundo físico que Dios creó hay muchas cosas bellas y útiles, las cuales debemos saber aprovechar.
En el Nuevo Testamento hay tres usos de la palabra mundo. Uno es el mundo físico, la tierra como planeta. Otro es el que se refiere a la humanidad, al conjunto de los seres humanos, a la sociedad de hombres y mujeres de la que todos formamos parte. Y otro es el sistema mundano de vida, el cual no está dominado por Dios sino por el príncipe de las tinieblas, Satanás. Este es el mundo de los placeres, del egoísmo, de las intrigas. El primer mundo debemos admirarlo; al segundo debemos amarlo; y al tercero debemos aborrecerlo. Génesis 1:10; Salmo 24:1, 2; Juan 3:16; 2 Timoteo 4:10; 1 Juan 2:15, 16.
Pregunta 2 ¿Cómo debe ser el cristiano como ciudadano?
Respuesta: Según el Nuevo Testamento, el cristiano es ciudadano de dos mundos: de la tierra y del cielo. Es decir, pertenece a un orden temporal y a uno eterno. Jesucristo mismo reconoció esto cuando en respuesta a los fariseos y a los herodianos, les dijo: "Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios." Mateo 22:21. El gobierno es instituido por Dios para el orden, la paz y el progreso de los pueblos. El cristiano debe reconocer a su gobierno, respetarlo y obedecerlo, siempre que esto no entre en abierto conflicto con sus principios de conciencia y con su lealtad a Dios, quien es el que debe ocupar el primer lugar en nuestra vida. Como ciudadano del mundo, el cristiano debe ejercer su derecho al voto, pagar también los impuestos públicos, y servir en cualquier capacidad decente que su gobierno le pida. En resumen, el cristiano debe esforzarse por ser un ciudadano ejemplar. Esto contribuirá a su propia felicidad, al progreso positivo de su nación, y será un buen testimonio de la excelencia de la ética del evangelio. Mateo 17:24-27; Romanos 13:1-8; Filipenses 3:20; Hechos 19:38-40.
Pregunta 3 ¿Debe el cristiano participar en la política?
Respuesta: Hay ciudadanos que sienten la inclinación a ser políticos, o sea, a participar activamente en la política como candidatos a puestos públicos. Cualquier cristiano que sienta esto como la vocación de su vida, está en su derecho de hacerlo así. Pero hay la participación más general, como la de afiliarse a algún partido, hacer propaganda por su candidato favorito, y votar. Esto también es legítimo. Podemos decir con toda confianza, que tanto la letra como el espíritu del Nuevo Testamento no se oponen a que el cristiano participe en la política de su país.
Conviene, sin embargo, agregar aquí algunas palabras de cautela evangélica. El cristiano debe siempre guiarse por la ética de la Biblia. Primero que todo, él es un discípulo de Jesucristo, cuyas normas debe cumplir. Se deduce, pues, de esto, que el cristiano genuino no debe afiliarse a ningún partido de tendencia atea y violentamente revolucionario. Toda su participación en la política debe ser dentro de los cauces del orden y de la ley. Es tradicional el concepto de que para entrar en la política hay que emplear cualesquiera métodos sucios e ¡legítimos. Nuestro consejo es que si el cristiano no va a aplicar los principios cristianos en la política, en tal caso es mejor que canalice sus energías y vuelque su entusiasmo en otras empresas, en donde no se sienta tan tentado a valerse de maniobras turbias e indignas para salir avante en sus empeños. A este respecto es interesante estudiar el ejemplo y la actitud de nuestro Señor. El no actuó violentamente contra el gobierno de su época y de su país; él se ajustó a las leyes reinantes, mientras no estuvieran en conflicto con su lealtad a su Padre celestial.
A lo largo de los siglos, se han visto innumerables casos de individuos cristianos que han sabido mantener muy en alto su posición de cristianos aun en medio del ambiente de la política. Claro, hay que estar dispuestos a pagar el precio por esto, pero vale la pena.
En la historia del Antiguo Testamento podemos ver que la vida religiosa y la vida política estaban íntimamente ligadas. Los reyes eran aconsejados por los profetas, y se consideraban siervos de Dios. El concepto de teocracia siempre estaba latente en el gobierno de la nación. Se puede, pues, ser político, pero, ante todo, hay que ser cristiano.
Pregunta 4 ¿Qué se entiende por libertad religiosa?
Respuesta: Por libertad religiosa se entiende que el hombre, por derecho propio dado por el Creador, si quiere cree y si no, no; y que puede adorar a Dios según los dictados de su conciencia. Ningún gobierno tiene el derecho de imponer una determinada religión, ni de prohibir el libre ejercicio de ella. La intolerancia religiosa, de parte de los gobiernos o aun de una organización eclesiástica sobre otra ha sido una práctica injusta, contraproducente y sumamente perjudicial. La historia nos describe el triste espectáculo de naciones, aun de las llamadas cristianas y civilizadas, que por años y años se hicieron la guerra y ensangrentaron los campos, precisamente por no reconocer el principio de la libertad religiosa. Si el hombre es competente por su naturaleza, tanto racional como espiritual, para creer en Dios y para adorarlo, se sigue que es también libre para hacer esto de la mejor manera en que él lo entienda, siempre que su manera de adorar no dañe la moral ni la integridad física de los demás.
Es digno reconocer, sin embargo, que en la última década ha habido algo de progreso en lo que a la actitud y a la posición doctrinaria de la Iglesia Católica Romana concierne. Uno de los avances positivos en la celebración del Segundo Concilio Vaticano, fue precisamente el que tuvo que ver con el principio de la libertad religiosa, habiéndose pronunciado el Concilio a favor de esta básica libertad. los cristianos evangélicos jamás debemos perseguir a nadie por sus ideas religiosas. En toda sociedad organizada se reconoce el derecho a exponer uno sus ideas, a explicarlas y aun a la persuasión legítima, pero sin recurrir a los métodos violentos de la imposición. Lucas 9:49-56; Gálatas 5:1, 13.
Pregunta 5 ¿Tiene el cristiano que ver con la guerra?
Respuesta: La guerra es uno de los peores males que se conocen en la historia de la humanidad. Es triste decirlo, pero lo cierto es que los hombres han tenido más períodos de guerra que de paz. Precisamente, la historia del hombre se inicia con un crimen, el homicidio que Caín cometió contra su hermano Abel. Por supuesto, se pueden aducir argumentos en cuanto a que hay guerras justas y guerras injustas. En esto entra el juicio que cada uno puede hacer respecto a determinada guerra. Es posible que concurran ciertas circunstancias para que, dentro del estado presente de cosas en que viven los hombres, haya algunas guerras que de parte de algunos no se puedan evitar, como cuando se trata de pelear en defensa propia.
Haciendo, pues, la salvedad de ciertas guerras en particular, desde el punto de vista bíblico y cristiano podemos decir que los que somos discípulos de Jesucristo debemos pronunciarnos en contra de las guerras, y si a conciencia no podemos justificar una guerra en particular, entonces tampoco debemos participar activamente en ella. Las guerras en grande no son sino la exteriorización de la guerra interior que los hombres libran en su corazón. Es cuando colectivamente, como nación o pueblo, le damos rienda suelta a las pasiones que nos dominan, como la envidia, la codicia y el odio. La guerra es la solución más violenta que hay a las diferencias entre los pueblos. Los hombres de ideas avanzadas en la política, en el gobierno y en la vida, no debieran siquiera pensar en la necesidad de recurrir al poder de las armas para dirimir sus querellas. Pero, en un mundo de tremendo progreso tecnológico mas, sin embargo, dominado por Satanás, es muy difícil esperar que los hombres sean amantes sinceros de la paz.
Los cristianos evangélicos debemos ser un pueblo de paz y los pacificadores de la tierra, Por todos los medios posibles, sin recurrir a la violencia, debemos condenar la guerra. Somos los discípulos del Príncipe de Paz. Mateo 5:9, 38, 39; Juan 14:27; 18:36; Romanos 12:17-19; Santiago 4:1, 2.
Pregunta 6 ¿Puede el cristiano contribuir al progreso?
Respuesta: Por progreso entendemos el avance positivo de la humanidad en todas las ramas de la ciencia y en todos los órdenes de la vida. El progreso debe ser material y espiritual, de los individuos y de los pueblos. En el ser humano existe el afán del progreso. El progreso auténtico es que los hombres lleguen a vivir en paz y en concordia, y a disfrutar de todas las cosas buenas de la vida.
No se hace difícil entender que el cristiano debe impulsar por todos los medios posibles el progreso de su ciudad, de su país, y del mundo entero. El hecho de que es cristiano le impone la obligación moral de respaldar toda obra y toda empresa enderezada hacia el progreso de la humanidad. Su filosofía práctica debe ser la de que él está en el mundo para hacer su contribución al mejoramiento total de la humanidad. Su experiencia espiritual de salvación y su conocimiento de las enseñanzas del evangelio, le capacitan quizá más que a ningún otro para ser un contribuyente eficaz en el ámbito del progreso. En esta coyuntura caben otra vez las palabras de Cristo cuando a los súbditos de su reino les dijo: "Vosotros sois la luz del mundo", y "Vosotros sois la sal de la tierra".
Nos da un sentimiento de justa satisfacción saber que entre aquellos hombres y mujeres que a lo largo de los siglos han hecho mucho por el progreso, se encuentran, en su mayoría, los cristianos. La enseñanza del cristianismo, sabiamente aplicada, es un factor preponderante en todo progreso positivo de los pueblos. Lucas 7:4, 5; Hechos 24:2, 3.
Pregunta 7 ¿Se deben tener prejuicios raciales?
Respuesta: La humanidad ha sufrido mucho por causa de los prejuicios raciales. El prejuicio racial es menospreciar a alguien por el color de su piel, por el grupo étnico al cual pertenece. En justicia, nadie tiene el derecho a menospreciar a otro sólo porque sus rasgos físicos raciales son diferentes. En primer lugar, nadie tiene la culpa de ser como es. El que es negro bien pudo haber sido blanco, y el que es blanco bien pudo haber sido negro. Somos según los padres de quienes nacemos.
En segundo lugar, es una tontería tratar a los individuos por el color de su piel, en vista de que esto es sólo una diferencia superficial. Esencialmente, la raza humana es una. La Biblia dice que Dios "de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habitasen sobre la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los limites de su habitación" (Hechos 17:26).
Y, en tercer lugar, todo ser humano, por el hecho de ser humano, y una criatura de Dios, es una personalidad que debe ser respetada. Realmente, en las cosas básicas de la existencia y espiritualmente a los ojos de Dios, todos somos iguales, nadie es superior a los demás. Todo hombre y toda mujer tienen un valor intrínseco incalculable. Dentro de tales condiciones, pues, el trato normal entre unos y otros debe ser de justicia y de consideración.
Y sobre todo esto, el hecho de que somos cristianos, de que "el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado" (Romanos 5:5), y de que todos los creyentes en Jesucristo somos hermanos, pone sobre nosotros la obligación moral no sólo de no menospreciar a nadie por su color, sino también la de amar a todos los hombres y "servirnos por amor unos a otros". En todo lo que esté a nuestro alcance, los cristianos debemos contribuir a erradicar por completo los llamados prejuicios raciales. Juan 15:17; 1 Tesalonicenses 4:6; Colosenses 3:11; Apocalipsis 7:9.
Pregunta 8 ¿Cuáles son los más grandes problemas del mundo?
Respuesta: Tanto la Biblia como la historia nos dan testimonio de que la humanidad, desde sus principios, ha tenido muchos problemas. Sin embargo, en la actualidad hay algunos problemas que son característicos de la época, y otros se han acentuado. Podemos mencionar los siguientes:
1. La superpoblación. Consiste en que los hombres se están multiplicando a un ritmo vertiginoso, especialmente en algunos países, los cuales resultan ser los más pobres. Se calcula que para el año 2,000 la población mundial habrá alcanzado la cifra colosal de los siete mil millones. Es fácil comprender que este crecimiento rápido de población produce a su vez otros problemas.
2. El hambre. El número de los muertos por hambre va siendo cada vez mayor. La producción de los alimentos es inferior al número de bocas que hay que alimentar. También hay mala distribución de los alimentos. Los entendidos en estos asuntos ya están prediciendo que en los próximos años habrá en el mundo más hambres como nunca antes.
3. El aborto y los divorcios. Ambas cosas han sido legalizadas en muchos países. Y el índice de ellas ha crecido fantásticamente, y son síntomas de una sociedad humana moralmente enferma.
4. La drogadicción. Se han descubierto muchísimas nuevas drogas, y la gente, especialmente los jóvenes, cada vez más se entregan al vicio de las drogas, por el cual siguen también los caminos de la inmoralidad, del robo y del crimen.
5. La contaminación. Debido al auge de la industria, en el que la combustión es un fenómeno inevitable, las aguas, el aire y la tierra se están contaminando de substancias nocivas y venenosas que, con el tiempo, harán difícil la vida humana sobre la tierra. Jeremías 2:7; 2 Timoteo 3:1-5.
Pregunta 9 ¿Qué puede hacer el cristiano en cuanto a estos problemas?
Respuesta: En primer lugar, es bueno reconocer que todos estos problemas arrancan del pecado en el corazón del hombre, y son también un resultado de la ignorancia del hombre respecto de muchas cosas. A decir verdad, la única y completa solución que hay para estos y cualesquiera otros problemas es la erradicación completa del pecado, de donde la raíz de todos los problemas viene a ser una condición de orden espiritual o, dicho de otra forma, de relación personal con Dios.
No obstante todo esto, el cristiano, como miembro de la sociedad humana y aun como hijo y servidor de Dios, puede hacer algo tendente a que la vida sobre la tierra sea un poco mejor de lo que es. El cristiano, pues, puede hacer las siguientes cosas:
Puede él mismo abstenerse de hacer todas aquellas cosas que son pecaminosas y dañinas. Puede ser un colaborador activo en el ministerio espiritual de difundir la verdad de Dios. Puede participar en cualquier campaña de orden cívico, que se proponga combatir los vicios y todos los males sociales de nuestra época. Puede también contribuir con su dinero hacia el sostenimiento de las distintas instituciones que existen para ayudar en la orientación y rehabilitación de los drogadictos y alcohólicos. Y, sobre todas las cosas, puede ejercer el ministerio de la intercesión mediante la oración. Romanos 12:17b; 1 Timoteo 2:1-4.
Pregunta 10 ¿Cuál debe ser la actitud del cristiano en cuanto a la vida en general?
Respuesta: La actitud del cristiano hacia la vida en general debe ser de optimismo y confianza, de esfuerzo consciente, de alegría sana; debe mirar a la vida como una preciosa oportunidad para hacer el bien. En la vida hay muchísimas cosas buenas que Dios nos da, y nosotros debemos usarlas y gozarlas. Hay lo que se llama la alegría del vivir. Vivir con sobriedad es muy necesario. Sobre todas las cosas, Dios debe ocupar el centro de la vida. El puede darle a nuestra existencia valor, significado y gozo. Eclesiastés 3: 11; Hebreos 13:5, 6; 1 Pedro 5:7, 8; Santiago 4:13-15; Filipenses 4:4.
La esperanza del cristiano
Texto a memorizar
“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos” (1 Pedro 1:3).
Pregunta 1 ¿Qué es la esperanza del cristiano?
Respuesta: La esperanza del cristiano es el cumplimiento completo de su salvación, cuando viva con Cristo en el cielo para siempre jamás. El espera verse totalmente libre del pecado y disfrutando de la dulce comunión con su Salvador en gloria. Es una esperanza de victoria definitiva, de gozo abundante y de una paz sin sombras. Romanos 8:24; 1 Pedro 1:4, 5; 2 Timoteo 4:6-8; Apocalipsis 21:4.
Pregunta 2 ¿Por qué hay muerte?
Respuesta: La muerte física es la separación del espíritu y el cuerpo. Cuando el espíritu sale, el cuerpo muere. La muerte vino como una consecuencia del pecado, de la desobediencia de nuestros primeros padres Adán y Eva. Si no hubiera habido pecado tampoco habría habido muerte. Hay tres clases de muerte: la muerte física, la muerte espiritual, y la muerte eterna. Toda muerte es consecuencia del pecado y consiste, en esencia, en una separación. La muerte espiritual es cuando el creyente, por su desobediencia, interrumpe la comunión con Dios. La muerte eterna es cuando el cuerpo y el espíritu, reunidos nuevamente en la resurrección, serán lanzados en el lago del fuego para estar separados de Dios para siempre. Génesis 2:17; Romanos 5:12; 6:23a; Santiago 2:26; Apocalipsis 20:13-15.
Pregunta 3 ¿Hay vida más allá de la muerte?
Respuesta: Sobre la autoridad de la Biblia, la respuesta es un sí rotundo. Sabemos esto por intuición y por revelación, es decir, en nuestro ser interior sentimos que la muerte no es el final completo de todo, y el Señor Jesucristo declaró enfáticamente que hay vida consciente después de la ocurrencia del fenómeno de la muerte física. Job 14:14; Eclesiastés 12:7; Lucas 23:46; 16:19-31; Filipenses 1:21.
Pregunta 4 Cuando el creyente muere, ¿a dónde va?
Respuesta: Ya dijimos antes que la muerte física es la separación del espíritu del cuerpo. El cuerpo, entonces, que es materia, vuelve a la tierra al ser sepultado. El espíritu, dice la Biblia, "vuelve a Dios, que lo dio". En el Nuevo Testamento esta enseñanza es dada con mayor claridad. El apóstol Pablo dice que "estar ausentes del cuerpo" es estar presentes al Señor" (2 Corintios 5:8). Por eso se puede afirmar que el creyente, al morir, va al cielo, a la presencia de su Señor. Cristo dice que cuando Lázaro murió "fue llevado por los ángeles al seno de Abraham" (Lucas 16:22). ¿Qué llevaron los ángeles al "seno de Abraham"? De cierto que no fue el cadáver sino el espíritu de Lázaro. Esta es la razón por qué Esteban, el primer mártir del cristianismo, cuando estaba para morir dijo: "Señor Jesús, recibe mi espíritu" (Hechos 7:59).
Pregunta 5 ¿Qué pasa con los que mueren sin Cristo?
Respuesta: Los que mueren sin Cristo se condenan. Al morir, ellos no van al cielo, ni al paraíso, ni a la presencia del Señor. Ellos, o más bien sus espíritus, son guardados por Dios, bajo condenación, para ser juzgados y castigados. Todas las expresiones bíblicas que se refieren al estado de los espíritus de los que mueren sin ser salvos, son expresiones acerca de sufrimiento, de tormento y de juicio. La cosa más terrible, pues, que le puede acontecer a cualquier individuo es partir de este mundo sin su confianza en el Señor Jesús, sin la seguridad del perdón de sus pecados y de la esperanza de la vida eterna. Salmo 1:6b; Daniel 12:2; Lucas 16:23; Mateo 16:26; 2 Pedro 2:9b.
Pregunta 6 ¿Qué es la resurrección?
Respuesta: La resurrección es que el espíritu vuelve a tomar su cuerpo y éste revive. Pero hay mucho más: en la resurrección los cuerpos no sólo volverán a vivir sino que serán transformados en cuerpos gloriosos, semejantes al cuerpo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, con propiedades maravillosas y capacidades fantásticas. Desde luego, esto que ahora es una hermosa esperanza en nuestra salvación, será una realidad por el poder de Dios en el día de la resurrección, el cual coincidirá también con la segunda venida de Cristo. Los cuerpos resucitados de los creyentes serán entonces arrebatados para el encuentro con Cristo en el aire. La enseñanza bíblica sobre este evento futuro es clara y abundante. Daniel 12:2, 3; Juan 5:25, 28, 29; 1 Corintios 15:12, 13, 16, 21-26, 35-56; Filipenses 3:20, 21; 1 Tesalonicenses 4:13-18.
Pregunta 7 ¿Qué gran promesa hizo Cristo a sus discípulos?
Respuesta: La gran promesa que Cristo les hizo a sus discípulos y, por extensión, a todos los creyentes en él, es la de que él iría al cielo a preparar moradas para ellos, y de que volvería a la tierra por ellos para que estuvieran junto con él. Esto es lo que comúnmente llamamos la Segunda Venida del Señor. Su segunda venida, según las Escrituras, será repentina, personal, visible y gloriosa. El apóstol Pablo la llama "la esperanza bienaventurada". Y el apóstol Juan dice que "todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro" (1 Juan 3:3). Juan 14:1-3; Mateo 24:27, 30, 31, 36-42; Hechos 1:10, 11; Tito 2:13; Hebreos 9:28; 1 Tesalonicenses 1:10; Apocalipsis 1:7; 22:20.
Pregunta 8 ¿Hay infierno?
Respuesta: El infierno, o lugar del castigo eterno de los impíos, es una doctrina ampliamente enseñada en el Nuevo Testamento. La palabra infierno no aparece en el griego del Nuevo Testamento; ella es una palabra que el padre Jerónimo, en el siglo IV de nuestra era, usó en su traducción del hebreo y del griego al latín, y que ahora se conoce como la Vulgata Latina. Sin embargo, hay en el Nuevo Testamento la enseñanza de que los que mueren en condenación, después del Juicio Final serán lanzados en "un lago de fuego". Otras expresiones que se refieren a lo mismo son éstas: "la muerte segunda", "el castigo (o tormento) eterno" y "el fuego eterno". El término infierno es sólo un término popular para referirse a ese lugar y a ese estado de perdición.
Es posible hacer algunas objeciones a esta doctrina por no entender todo acerca de ella, pero tenemos que aceptarla porque está enseñada en el Nuevo Testamento, y porque fue Jesucristo mismo quien más habló de ella. Salmo 1:5, 6; Mateo 5:29, 30; 18:9; 23:33; 25:41-46; Juan 3:36b; Apocalipsis 20:10, 14, 15; 19:20; 21:8.
Pregunta 9 ¿Qué es el cielo?
Respuesta: El cielo es la morada eterna de los justos resucitados y perfeccionados. Es la cristalización gloriosa de la salvación. Es un lugar. maravilloso y un estado de felicidad y paz. El cielo es estar para siempre con el Señor y disfrutar de la compañía con todos los redimidos por su sangre. Juan 5:24; Romanos 8:1; Juan 14:2, 3; Filipenses 3:20, 21; 1 Tesalonicenses 4:17; Apocalipsis 2:10; 211-7, 27; 22:14, 17; 2 Timoteo 4:6-8.
Pregunta 10 ¿Está su nombre escrito en el Libro de la Vida?
Respuesta: Para usted, amado alumno o lector, después de haber estudiado este Discipulado la pregunta más importante de todas es ésta: "¿Está su nombre escrito en el Libro de la Vida?" Si usted ha creído en Jesucristo de todo su corazón como su Salvador personal, entonces usted puede estar seguro de que su nombre ha sido ya escrito en el Libro de la Vida. Es mi oración que usted sea un cristiano salvo y que tenga esta gloriosa seguridad. Apocalipsis 20:12, 15.
Oración
Oh buen Padre celestial, te doy gracias por haberme permitido realizar este estudio bíblico tan provechoso para mi conocimiento y mi vida cristiana. Ahora te pido que me ayudes a perseverar en lo que he aprendido y a compartir con otros estas sabias enseñanzas de tu Santa Palabra. Te doy gracias por mi salvación y es mi deseo crecer en la vida espiritual, a fin de ser un cristiano útil en tu obra. Que tu Espíritu Santo me guíe en todo.
En el nombre de Jesucristo, Amén.