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Frutos del Espíritu

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Frutos del Espíritu

"Por sus frutos los conoceréis…"

Introducción

La intención del desarrollo de este tema es que logremos una mejor comprensión del significado de cada uno de los frutos del Espíritu, descritos en la carta a los Gálatas capítulo 5 verso 22 en adelante, para que tomemos las medidas y acciones que abonen nuestra vida y nos permitan ser fructíferos, para poder decir como la "amada" del Cantar de los Cantares 4:16: "Venga mi amado a su huerto y coma de su dulce fruta."
Jesús enseñando a sus discípulos en Mateo 7:16 -20 afirma: "por sus frutos los conoceréis". Nosotros somos "árboles de Justicia, plantío de Jehová", por lo tanto el fruto que nosotros produzcamos determinará la calidad de árbol que soy; y no podemos obviar que de ese fruto comerán quienes se acerquen a nuestra vida.

Frutos interiores (para nosotros mismos)

Amor (del griego Agapao, amor de Dios en nosotros). El derramó su amor en nuestros corazones, y lo extiende hacia todos los hombres. Es decir el amor viene directo de El hacia sus hijos, el amor de Dios que salva, sana, incondicional, de tan alto valor que entregó a su mismo hijo por nosotros. Esta verdad debería de ser suficiente para deleitarnos cada día, fue tan grande su amor que, el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por su Espíritu.

Gozo (del griego Chara, alegrarse con respecto de las pruebas). Circunstancias dolorosas que acompañan nuestra cooperación en el ejercicio de la voluntad de Cristo en nosotros y nos sensibilizan para sentir en mayor potencia el gozo. Santiago 1:2 "…tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas", como el ejemplo de los apóstoles quienes salieron gozosos luego de ser azotados por causa de Jesucristo. En nosotros se refleja el gozo sobre las circunstancias difíciles que tenemos que vivir en nuestro caminar, como hijos de Dios en medio de una generación perversa, como hijos de Dios en medio de las necesarias tribulaciones, por el fruto del gozo en la prueba se conocerá a un cristiano fructífero.

Paz (del griego Eirene). Describe relaciones armónicas entre personas, naciones, amistad, especialmente entre Dios y el hombre, conseguidas mediante el mensaje del evangelio de la reconciliación, o sea la conciencia de reposo, armonía y contentamiento que surge de ello. Bien dice la escritura que no nos afanemos, y que llevemos delante de Dios toda petición y la "eirene" de Dios que sobrepasa todo entendimiento guardará nuestros pensamientos y corazones en Cristo Jesús, amén.

Frutos exteriores (Para los que nos rodean)

Paciencia (del griego Makrothumia, Tolerancia y longanimidad, como verbo: tener largura de ánimo). Denota la actitud del Padre para con nosotros en cuanto a nuestros pecados pasados y su espera de nuestro arrepentimiento, para que de la misma manera como Él fue paciente con nosotros, lo seamos a su vez con los que nos rodean. Es el fruto que nos capacita para esperar con tranquilidad la respuesta, para aguardar, para sobrellevar las pruebas en las cuales la misma paciencia crece; es el poder que nos mantiene tranquilos y expectantes.

Benignidad (del griego Chrestotes, recto, justo, la acción concreta de la bondad, con gracia y compasión). Esto denota firmemente la acción concreta de hacer el bien y ser buenas personas. Es la acción demostrada en obras y no en intenciones

Bondad (del griego Agathosune). Esto denota un deseo caracterizado por bondad, de ser bueno y de hacer el bien, incluye también las cualidades más firmes en cuanto a hacer el bien a los demás y no precisamente por medios fáciles. En resumen es el deseo o intención de ser bueno y hacer el bien.

Frutos para El Padre

Fe (del griego Pistis). Firme convicción que produce un pleno reconocimiento de la verdad y existencia de Dios; una conducta interior de rendición a Él, y una opinión sostenida sin base de previa prueba ni cuestionamiento, sin esa plena convicción de la existencia de Dios y la confianza de sus planes de bien hacia nosotros, jamás le agradaremos y será difícil poder recibir algo de Él.

Mansedumbre (del griego Prautes, o Praotes). No solamente denota una actitud testimonial para con nuestros semejantes (tampoco se trata de nuestra forma natural de ser o temperamento). Más bien es la obra regeneradora de Dios en el alma; para Dios, "Prautes" denota una condición de mente y corazón, de emociones e intenciones; como una "gentileza". Y es mejor que sea definida en acciones. Sus dos componentes interno y externo nos muestran que la mansedumbre manifestada por el Señor y recomendada para los creyentes, fue más bien derivada del poder (ilimitado), pues Él siendo manso tenía a su disposición todos los recursos infinitos divinos.

La definición convencional de ser manso se relaciona con un ser débil, no apto y carente de recursos para defenderse. Más esto nos enseña que teniendo el poder, uno debe ser ecuánime en su espíritu, negándose a sí mismo y velando por los intereses de los demás, sin ocuparse en lo absoluto del propio yo, especialmente con los ignorantes y descarriados, de esta virtud. Lo mismo se debe decir de la petición de recibir con mansedumbre la palabra implantada, esto es grande, pues la solicitud es para aquellos que teniendo altos niveles de aptitud, reciban con buena actitud el consejo de la palabra de Dios (con gentileza).

Templanza o dominio propio (Enkrateia, del verbo Kratos, fuerza, en este caso dominio propio, en varios casos es traducido continencia referido en especial en combinación con dominio). El dominio de sí mismo sobre sus emociones y sentimientos, mismos que pueden influir sobre nuestra voluntad, en relación al respeto y los intereses ajenos. Lo más importante es tomar el beneficio de ser dueños de sí mismo.

Una vida con deseo de agradar a Dios siempre nos moverá a rendirnos a hacer su voluntad, la semilla incorruptible de la palabra y la comunión con el Espíritu Santo determinarán la calidad de fruto que estemos dando, y contra estas cosas no hay ley…..
Larga vida y paz sobre su casa y su descendencia

Roberto Arias Fernández
Siervo de Jesucristo
Cel. (502) 5598 3264


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